Manifiesto del grupo de Género en contra de la visita del Papa

El laicismo no es una reivindicación o lucha específicamente feminista, pero creemos que las
feministas tenemos que estar en ella con nuestro propio discurso. Porque los derechos de las
mujeres son atacados y cuestionados continuamente por las distintas religiones, o al menos
por sus jerarquías. Hemos de tener en cuenta, también, el histórico agravio hacia las mujeres
que supone la estructura machista y patriarcal de la Iglesia Católica y del Estado Vaticano.

Todas las instituciones religiosas han intentado de una manera obsesiva -y lo siguen haciendo-
reglamentar, y no sólo desde el espacio privado sino público, lo que las mujeres debemos hacer
o dejar de hacer, restringiendo la sexualidad femenina a la procreación, condenando el aborto,
el uso de métodos anticonceptivos, el divorcio, negando la diversidad sexual, controlando y
persiguiendo el cuerpo de las mujeres y de todas aquellas personas que no siguen el camino
heteronormativo (gays, lesbianas, bisexuales, transexuales, intersexuales y todas las multitudes
queer). Siguen defendiendo un único modelo de relación, el modelo patriarcal basado en la
dominación masculina. Negando así el estatuto de familia a quienes se salen de la tradicional
familia heteropatriarcal, a saber: abnegada madre y esposa bajo el poder del pater familias,
proveedor de pan, jefe y dueño de la mujer y de los hijos. Y lo hacen estereotipando siempre
a las mujeres, bien santificándonos o demonizándonos en función de que nos desviemos o no
de los caminos que la religión nos determina. Una iglesia empeñada, por tanto, en imponer
mediante el castigo divino una única manera de ser mujer, separando las Evas de las Marías, es
decir las “malas de las buenas” mujeres.

Y creemos, también, que debemos mantener un discurso propio feminista debido a la
interpelación que éste parece tener en la jerarquía eclesiástica. Y es que, no podemos olvidar
la Carta del Vaticano enviada a los Obispos de la Iglesia Católica, durante el año 2004, como
referente ante la actuación de los movimientos feministas. A las feministas y a la ideología
feminista, que el señor Ratzinger denomina “ideología del género”, se nos acusa de los
siguientes males: Responder al abuso de poder de los varones con una estrategia de búsqueda
de poder, siendo así las causantes de la “confusión deletérea” en la antropología, destruir la
estructura tradicional de la familia, equiparar la homosexualidad a la heterosexualidad, negar
la “predeterminación biológica”, intentar revisar las Sagradas Escrituras por transmitir una
concepción patriarcal de Dios y considerar irrelevante que el Hijo de Dios haya asumido la
naturaleza humana en su forma masculina. Es decir, nosotras, las feministas (entre otras “malas
mujeres”) somos las Evas causantes de los males humanos. Somos conscientes de que ya
muchas veces el señor Ratzinger, y siguiendo sus huellas el Pontificio Consejo para la Familia,
se ha pronunciado sobre las “ideologías del género” afirmando que no son sólo “anti-vida y
anti-familia, sino que son también destructoras de las naciones”. Todo ello con argumentos
biologicistas que sitúan a las mujeres en un lugar de subordinación por naturaleza, a las cuales
se nos recuerda que “La mujer, en su ser más profundo y originario, existe ‘por razón del
hombre’ (cf 1CO 11,9): es una afirmación que, lejos de evocar alineación, expresa un aspecto
fundamental de la semejanza con la Santísima Trinidad” (Ratzinger, 2004, 6).

Y nosotras, las feministas, no pararemos de condenar la hipocresía de la Iglesia Católica cuando
se manifiesta a favor de la “vida”, porque ¿de qué vida? Esta Iglesia rechaza las investigaciones
científicas relacionadas con el tratamiento de diversas enfermedades; no se ha manifestado
nunca abiertamente en contra de la aplicación de la pena de muerte; ha sido cómplice de
regímenes dictatoriales y de sus barbaries, sigue prohibiendo el uso de preservativos, incluso
en poblaciones donde el sida es la causa primera de mortalidad; niega el derecho a una muerte
digna y a la eutanasia, nada dice de las muertes de mujeres debido a los abortos inseguros y
clandestinos alrededor del mundo, mantiene una postura ambigua acerca de la violencia física
contra la las mujeres, una iglesia que, impunemente, mantiene en su seno miembros que han
cometido delitos de violación y abuso sexual a menores… ¿Cuán cierta es, por tanto, su postura
pro-vida?

Por lo tanto, entendemos que el señor Ratzinger promulga unas ideas que no hacen sino
promover el poder masculino sobre las mujeres. Legitima la subordinación de las mujeres a
los hombres tanto sexual, como económica y socialmente, sacralizando la reclusión de éstas al
espacio privado, al hogar, a la maternidad o a la virginidad espiritual.

Por ello no reconocemos al señor Ratzinger ninguna autoridad, ni política ni moral.

Su presencia nos violenta y, más aún, el tener que costearla también nosotras,
LAS FEMINISTAS, LAS EVAS, LAS MALAS MUJERES

Queremos señalar que nos consta que dentro de esta Iglesia tampoco se sienten incluidas
determinadas personas y colectivos de base, y que existen feministas cristianas que luchan por
crear una Iglesia democrática e igualitaria, respetuosa con los derechos de toda la humanidad y
radicalmente diferente de la actual.

“La libertad de religión no puede aceptarse como pretexto para justificar las violaciones
de los derechos de las mujeres, sean abiertas, sutiles, legales o ilegales, practicadas con o
sin el consentimiento nominal de las víctimas- las mujeres”
Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa, Resolución 1464 de 2005, párrafo 5.

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