"Esto ya no es una democracia, es un churro"

Dentro de los medios de comunicación convencionales surgen cada vez más voces alternativas y muy críticas con el discurso políticamente correcto o de justificación general de la viabilidad del actual sistema político-económico del que forman parte y de los “inevitables” recortes sociales que ocultan el desguace de lo público y los negocios turbios de la corrupción. El pensamiento único y la cháchara superficial que observan muchos columnistas, al tiempo que descalifican al Movimiento 15M como “un baturrillo global de entelequias, vaguedades, ensueños y reivindicaciones inconcretas por parte de indignados, con razón o de salón”, es contestado ejemplar y contundentemente por algunas plumas como la que aquí reproducimos hoy. Sin ir más lejos, el pasado lunes 24 de octubre, en Diario “La Rioja” Ricardo Romanos realizaba un estupendo alegato en su columna semanal Ventana a la calle. Por su alto interés, os la ofrecemos aquí debajo. Os aseguramos que no tiene desperdicio, que la disfrutéis.

Sí y no

Sí, estuve en la mani del 15-O. Y en la del 15-M y en la del 20-J. Y estaré en todas las manis en las que las gentes del común, de bien, los habitantes de esta aldea global empobrecida moral y económicamente por belicosos chorizos, estafadores pendencieros, usureros prepotentes, políticos corruptos, banqueros tramposos, industriales de la guerra, de la farmacopea, de la medicina, manipuladores sin conciencia y financieros sin escrúpulos sigan tratando de demoler la democracia convirtiéndola en este conglomerado plutocrático que estamos viviendo, no otra cosa que una máquina trituradora de la libertad y el pensamiento, esta perversa industrialización de la mentira y la explotación. Sí, por eso seguiré yendo a las manifas: esto ya no es una democracia, es un churro. Pero antes de proseguir tecleando debo advertir que no estoy subvencionado por nadie, que vivo austeramente de mi trabajo y que sí, que dispongo de teléfonos móvil y fijo, lavadora, nevera y ordenador. Hasta cuatro ordenadores, mire usted: un PC, un Mac, un viejo Atari Falcon 030 y el portátil Acer desde el que escribo esta antigualla. Ya ve usted, todo un potentado. También poseo minipimer, microondas, cocina eléctrica, un equipo de música de los 70, WC con ducha, una biblioteca pasable y un reloj de pared. Quizá por todo ello, y por mi mediocre formación académica, desde hace muchos años sigo considerando que los responsables de la ruina humana, los niños muertos de hambre, los campos de concentración, las cárceles secretas, las poblaciones machacadas por los bombardeos, el tráfico de drogas duras, la contaminación salvaje, la manipulación goebelsiana de la información, los desvaríos de la industria armamentística, la explotación sexual y laboral de mayores y menores y toda una panoplia de humanas desgracias que sería prolijo enumerar son, precisamente, los antes mencionados. ¿Que siempre habrá ricos y pobres? Pues sí, mire usted. Pero no. No tan pocos expoliadores y tantos miles de millones cada vez más empobrecidos, esquilmados, engañados y estafados por esta espiral ultracapitalista que para más escarnio se proclama neoliberal y toma el té con hechiceros mitomaníacos que les pasan el algodón por sus conciencias. A lo peor, éste mi discurso «ideológico» no sólo no está bien hilvanado sino que carece de fundamentos filosóficos, metafísicos y hasta económicos. Qué le vamos a hacer. Me lo dictan sin duda mi falta de conocimiento y algunas deplorables veleidades anarco-jesucrestales. Pero es lo que hay. Por todo ello me paso por la peineta al mamporrero de Murdoch, señor Ánsar, cuando les cuenta a los ecuatorianos que yo soy un marginal, izquierdista y extremoso, justo el día antes de que millones de habitantes nos echáramos a la calle en todo el mundo pidiendo por favor que ya vale. Que ya les vale. Porque aquí, en Spain, mirusté Esperánsar, no quiero una clase política enfangada y acomodaticia, forrada de momios y prebendas y encastillada en sus marfiles; que sí quiero una auténtica reforma fiscal; que no quiero el desguace y privatización de lo público (la sanidad, la educación y la cultura); que sí quiero una democracia real y participativa y no este mangoneo bipartidista; que también quiero una profunda reforma de la Ley Electoral; que no quiero más desahucios de familias humildes traicionadas por acaparadores y botineros a los cuales, aún, tenemos que donarles doscientos cuarenta mil millones de euros al 1% de ¿interés?; que no quiero cinco millones de parados y cientos de miles de familias sumidas en la pobreza; que no quiero más dilapidaciones y cohechos y que estoy harto de construcciones faraónicas y mercantilizaciones generalizadas. Por eso voy a las manis, tengo móvil, correo electrónico y amigos. Y porque no creo en una política económica basada exclusivamente en la satisfacción de los intereses privados, desastrosa para todos y amparada en la porra y la violenta coerción social. Y porque me suena fatal aquello de Deustchland, Deustchland, über alles in der Welt, por mucho que les guste a los de siempre.

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